Desde el siglo XIX, muchos teólogos cristianos se han convertido a la teoría de la evolución, una teoría cuya viabilidad científica no están capacitados para evaluar, pero a la que, no obstante, es poco probable que estén dispuestos a renunciar. La mayoría de los libros recientes escritos por académicos cristianos sobre este tema prácticamente han cedido todo el campo de los orígenes a una visión evolutiva de la realidad, según la cual el ser humano habría surgido en un proceso que va de la molécula al hombre.Quienes creen en la evolución humana y, al mismo tiempo, desean mantener alguna forma de un Adán histórico y una Caída histórica padecen una grave forma de autoengaño. Es decir, de ninguna manera pueden hacer justicia a la cuidadosa exégesis de tantos detalles de Génesis 2 y 3, por no mencionar los textos fundamentales del Nuevo Testamento que presuponen la historicidad de nuestros primeros padres.La tesis central de este libro sostiene que quienes aceptan la teoría de la evolución general no pueden, al mismo tiempo, ser cristianos ortodoxos, porque la cuestión de los orígenes no pertenece a la periferia, sino al corazón mismo del mensaje cristiano.Esta perspicaz obra teológica aborda su tema desde una perspectiva interdisciplinaria, sustentada por una filosofía distintivamente cristiana que desmantela el paradigma filosófico evolucionista que ha ejercido una profunda influencia sobre los teólogos occidentales durante generaciones.
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