Carlitos, los días de revolú y la Yuma

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Bol Todavía la gente en Cuba se acuerda del ciclón del 44. Pasó por La Habana en octubre de ese año y sopló fuerte durante casi dieciocho horas. Hubo muchos muertos y heridos, serios daños materiales, y por supuesto, gran excitación generalizada antes, durante y después del paso del meteoro. Carlitos tenía poco más de un mes de nacido. Su madre, Nydia Pérez Estévez, maestra normalista, natural del pueblo de Bejucal, provincia de la Habana, era espiritista además de católica, y también muy respetuosa de la santería. Quizás inspirada por ese politeísmo caribeño, tenía una cierta proclividad para crear sus propias teorías religiosas, espirituales y supersticiosas, y, sin lugar a duda, propulsándose desde ese panteón apuntalado en el más allá, siempre se preguntó por qué el puñetero ciclón tuvo que pasar precisamente en el año de la llegada de su hijo a este mundo.Su padre, José Herminio del Río y Barranco, nacido en el barrio habanero de La Víbora, trabajó como profesor de la Escuela Normal de Maestros de La Habana, donde conoció a Nydia, que fue su alumna. Con el paso del tiempo, se estableció como profesor de la Universidad de La Habana y en escuelas privadas capitalinas de ringorrango y, mucho más tarde, ya en plena Revolución, fue uno de los fundadores de la Academia de Ciencias de Cuba. Pero lo cierto era que él se reía con las ocurrencias de su esposa, porque mucho antes de conocerla y de todos los títulos y distinciones nacionales e internacionales, José Herminio era ya un convencido portador, defensor y proselitista de la bandera roja, y ningún comunista de buena cepa es religioso, ni espiritual, y mucho menos supersticioso.Y en ese caldo de cultivo creció Carlitos.

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Todavía la gente en Cuba se acuerda del ciclón del 44. Pasó por La Habana en octubre de ese año y sopló fuerte durante casi dieciocho horas. Hubo muchos muertos y heridos, serios daños materiales, y por supuesto, gran excitación generalizada antes, durante y después del paso del meteoro. Carlitos tenía poco más de un mes de nacido. Su madre, Nydia Pérez Estévez, maestra normalista, natural del pueblo de Bejucal, provincia de la Habana, era espiritista además de católica, y también muy respetuosa de la santería. Quizás inspirada por ese politeísmo caribeño, tenía una cierta proclividad para crear sus propias teorías religiosas, espirituales y supersticiosas, y, sin lugar a duda, propulsándose desde ese panteón apuntalado en el más allá, siempre se preguntó por qué el puñetero ciclón tuvo que pasar precisamente en el año de la llegada de su hijo a este mundo.Su padre, José Herminio del Río y Barranco, nacido en el barrio habanero de La Víbora, trabajó como profesor de la Escuela Normal de Maestros de La Habana, donde conoció a Nydia, que fue su alumna. Con el paso del tiempo, se estableció como profesor de la Universidad de La Habana y en escuelas privadas capitalinas de ringorrango y, mucho más tarde, ya en plena Revolución, fue uno de los fundadores de la Academia de Ciencias de Cuba. Pero lo cierto era que él se reía con las ocurrencias de su esposa, porque mucho antes de conocerla y de todos los títulos y distinciones nacionales e internacionales, José Herminio era ya un convencido portador, defensor y proselitista de la bandera roja, y ningún comunista de buena cepa es religioso, ni espiritual, y mucho menos supersticioso.Y en ese caldo de cultivo creció Carlitos.


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  • 9798218680503
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