No fue una historia. Fue un eco. Una vibración que intentó replicar las ondulaciones de aquello que no se ve, pero que todo lo organiza: el tiempo. Desde la primera fuente -la invisible- hasta la última -la inconfesable-, la novela no habló del tiempo como línea, ni como número, ni como recuerdo, sino como fluido de consciencia, como fondo de todo ser, como el lenguaje que nos habla incluso cuando callamos. A lo largo de sus actos, la trama no se construyó con hechos, sino con interrogaciones, no avanzó por sucesos, sino por resonancias. No hubo un héroe. No hubo un clímax. Solo hubo aperturas. La grieta por donde emergió el tiempo no se cerró. Y no se cerrará. Porque esta obra no se escribió para concluir. Se escribió para prolongarse en quien la leyó, como un murmullo, como una sospecha, como un pulso silencioso que desde ahora acompañará al lector cada vez que mire un reloj y sienta que el instante... le mira también. El tiempo no tiene fin. Pero puede tener fuentes. Y tal vez, lector, una de ellas... se ha abierto en ti.
AmazonPagina's: 64, Paperback, Independently published
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