Doña Gertrudis: Tomo III
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"En ese pequeño pero poderoso círculo provincial también se aceptaban a los advenedizos y afortunados e incluso se les perdonaban sus extraños modales y atávicos extravíos con tal de que su generosidad con las obras de beneficencia estuviese a la altura de su hacienda. Huelga decir que la Gertrudis del Perro del hortelano no era más que el humus sobre el que iba elevándose doña Gertrudis. Y cuando le ocurría pasar en calesa por la carretera que bordeaba el Río mayor, miraba con lástima por la ventanilla a esa creciente chusma que iba hacinándose en los barrios periféricos atravesados por esa mísera "Línea tres" que se estaba convirtiendo, según ella, en un peligroso enlace entre la barbarie y la civilización. Y ni hablar de los merenderos y ventorrillos de los puertos de la ribera que veía ahora como lugares de corrupción, vicio yperdición. Esa caterva harapienta, ese gentío ocioso, ese maremágnum inculto, esa gentuza sudorosa y maloliente le iba dando cada vez más asco, repugnancia y miedo, lo mismo que experimentaría ella, una vez integrada en la empresa, hacia los empleados y obreros del Manjar de los manjares."
"En ese pequeño pero poderoso círculo provincial también se aceptaban a los advenedizos y afortunados e incluso se les perdonaban sus extraños modales y atávicos extravíos con tal de que su generosidad con las obras de beneficencia estuviese a la altura de su hacienda. Huelga decir que la Gertrudis del Perro del hortelano no era más que el humus sobre el que iba elevándose doña Gertrudis. Y cuando le ocurría pasar en calesa por la carretera que bordeaba el Río mayor, miraba con lástima por la ventanilla a esa creciente chusma que iba hacinándose en los barrios periféricos atravesados por esa mísera "Línea tres" que se estaba convirtiendo, según ella, en un peligroso enlace entre la barbarie y la civilización. Y ni hablar de los merenderos y ventorrillos de los puertos de la ribera que veía ahora como lugares de corrupción, vicio yperdición. Esa caterva harapienta, ese gentío ocioso, ese maremágnum inculto, esa gentuza sudorosa y maloliente le iba dando cada vez más asco, repugnancia y miedo, lo mismo que experimentaría ella, una vez integrada en la empresa, hacia los empleados y obreros del Manjar de los manjares."