Cuando señales, sanidades y experiencias sobrenaturales comienzan a ocupar el lugar de Jesucristo ¿Puede una iglesia creer en el poder sobrenatural de Dios y, al mismo tiempo, caer en el peligro de convertir los milagros en el centro de su mensaje? La Biblia está llena de milagros. Moisés vio abrirse el mar. Elías contempló descender fuego del cielo. Jesús sanó enfermos, dio vista a ciegos, limpió leprosos, liberó oprimidos y resucitó muertos. Los apóstoles también fueron instrumentos de señales extraordinarias. Negar esta dimensión sobrenatural de las Escrituras sería ignorar una parte importante del testimonio bíblico. Pero existe otra pregunta que necesita ser examinada: ¿para qué fueron dados los milagros? En una época donde abundan campañas de sanidad, "noches de milagros", testimonios extraordinarios, declaraciones de fe, semillas económicas para recibir bendiciones, objetos supuestamente ungidos y manifestaciones presentadas como evidencias indiscutibles de la presencia de Dios, el creyente necesita recuperar una verdad fundamental: lo sobrenatural debe ser examinado por la Palabra de Dios, y nunca la Palabra de Dios reinterpretada para justificar lo sobrenatural. El Evangelio de los Milagros bajo el juicio de las Escrituras no fue escrito para negar que Dios sana, interviene o hace milagros. Fue escrito para distinguir entre el poder soberano de Dios y la comercialización, manipulación y espectacularización de lo sobrenatural. A través de un análisis bíblico y cristocéntrico, René González examina preguntas difíciles: ¿prometió Jesús que todos los creyentes serían sanados? ¿La falta de un milagro demuestra falta de fe? ¿Puede una ofrenda activar una sanidad? ¿Qué debemos pensar de sanadores, manifestaciones físicas, polvo de oro, dientes de oro, aceite sobrenatural y testimonios extraordinarios? ¿Cómo distinguir una verdadera obra de Dios de la sugestión, el engaño o la exageración? ¿Puede existir una fe profunda cuando el milagro que pedimos nunca llega? Este libro conduce al lector nuevamente al centro del evangelio. Porque Jesucristo no vino simplemente para darnos milagros. Los milagros apuntaban hacia Él. La señal nunca debe ocupar el lugar del Salvador. Cuando el milagro se convierte en el mensaje, Cristo comienza a desaparecer del centro.
Prijshistorie
* Prijshistorie bevat geen data van Amazon.
Prijzen voor het laatst bijgewerkt op: