Durante veintidós años, Jorge Riveros buscó a Dios sin saber, muchas veces, que era eso lo que buscaba. Lo buscó en la pintura, en el amor, en una comunidad en la cordillera, vendiendo pan de puerta en puerta por las oficinas de Santiago. Lo buscó allí donde no estaba, y por eso mismo aprendió, poco a poco, a reconocerlo donde siempre había estado.El hombre que aprendió a ser mirado reúne las historias y meditaciones de todo ese recorrido: la infancia donde nació la necesidad de ser visto, los años de éxito y de fracaso como pintor, los amores que no supo sostener, la vida en comunidad, y el regreso final a una cabaña en el valle del Huasco, donde un temporal de nieve le devolvió lo esencial. Es un diario íntimo, sin pretensiones de doctrina, escrito por un hombre que un día descubrió que no estaba escribiendo para los demás, sino para sí mismo - y que quizás, por eso, terminó sirviendo también para otros.Un libro sobre la fisura por donde entra la luz, sobre el fruto que no es haber triunfado sino haber llegado hasta aquí sin traicionarse, y sobre la certeza simple con la que cierra: que en una taza de té y un trozo de pan puede estar, llenándolo todo, la presencia de aquello que buscamos.
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