En una jornada de Marzo de hace más de mil seiscientos años, en Alejandría de Egipto, una horda de monjes cristianos fanáticos instigados por el Patriarca Cirilo, violaba, mataba y hacía literalmente pedazos a una mujer, pasada a la historia como Hipatía de Alejandría: una estimada filósofa y científica, pero sobre todo una gran Iniciada. Tanto los ejecutores como los inductores de este feroz delito quedaron de hecho impunes, porque ya desde hacía tiempo, tanto en Egipto como en las demás provincias del Imperio Romano, el viento había cambiado y se había impuesto como único culto legítimo y reconocido una nueva religión proveniente de Oriente en su forma embrionaria, pero en los hechos construida con arte para satisfacer un preciso diseño de dominio y de control social. Hipatía tuvo el destino de vivir precisamente en esta terrible e infausta coyuntura histórica. Como gran Iniciada que era, ciertamente era capaz de comprender la dramática deriva social a la que estaba asistiendo y operaba incesantemente, con sus acciones y sus enseñanzas, para la liberación de la humanidad de sus propias cadenas. Ella representaba un rayo de luz capaz de desgarrar las tinieblas del oscurantismo, del dogmatismo y de la ignorancia e enseñaba a sus alumnos el Conocimiento, la Conciencia y el respeto de la Tradición. Por esto causaba tanto miedo a los titiriteros del "sistema" y debía ser eliminada a toda costa, hecha callar para siempre. Pero a la Iglesia cristiana no le bastó con haberla eliminado físicamente. Demasiado vastas eran, de hecho, su fama y notoriedad en todos los ambientes cultos del Imperio como para hacer que la memoria de esta mujer extraordinaria fuese borrada de un día para otro, con un simple trazo de pluma. La Iglesia tuvo así que recurrir a una de esas mistificaciones en las que siempre había brillado por habilidad y fantasía, inventándose una figura que revistiera, aunque hábilmente invertidas y dadas la vuelta en los contenidos, sus principales características. Estamos hablando de la figura de Santa Catalina de Alejandría, un personaje que nunca existió (¡por la misma admisión de la Iglesia!), construido en un escritorio para sustituir la figura de la gran Filósofa e Iniciada en el imaginario colectivo de las futuras generaciones. In este ensayo suyo, el historiador Nicola Bizzi, recorriendo la vida, el pensamiento y el trágico final de Hipatía, saca a la luz una de las mayores mistificaciones de la historia de la humanidad.
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