Una Obra de Teatro Con Sabor a Inocencia. JUAN DE LA COTONA. En este pueblo de Tapalpa, donde el tiempo tiene memoria tan escondida, entre montes que parecen dormir; vivió un hombre huérfano al que todos llamaban Juan de la Cotona, No por desprecio -¡Dios nos libre!-sino por aquella prenda vieja, su cotón, por lo que lo identificamos, una chaqueta limpia como un cielo despejado, era su escudo, su casa, y quizá también la llave de su alegría. El sombrero de Juan de la Cotona cubría su cabeza haciendo sombra a su rostro feliz y sus huaraches de cuero con correas que guiaban sus pasos al andar de calle en calle del pueblo. Juan de la Cotona un hombre con alma de niño, que iba cantando y cantando por los barrios, saludando a quien encontraba a su paso. Una Obra de Teatro cautivadora por el carisma inocente de Juan de la Cotona. Un hombre joven con pureza innata que deja a la vista ese niño interior que vive en él. Decían que Juan de la Cotona no pensaba derecho, que sus palabras volaban como pájaros locos, pero también la gente decía que fluía de él la inocencia -y eso vale más-que jamás se vio hombre como JUAN DE LA COTONA más limpio, ni más amable, ni más sincero, ni más dispuesto a llamar tío al enemigo y tía a la pena.
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