Cambiaron una ley, un imperio o una manera entera de entender el mundo. Y casi ninguna cobró por ello lo que valía. Una noche de diciembre de 1783, en un jardín inglés, una mujer corrió a oscuras y se clavó un gancho de hierro en la pierna. No pudieron levantarla sin dejar atrás dos onzas de su carne. Lo escribió ella misma, años después, entre dos cálculos. Se llamaba Caroline Herschel y descubrió ocho cometas mientras cobraba como ayudante de su hermano. Este libro cuenta treinta y una vidas como esa. Mujeres que cambiaron algo que se puede señalar con el dedo: una ley, un imperio, un campo entero de conocimiento, un derecho que antes no existía. No están contadas como fichas de enciclopedia. Se entra por una escena, con alguien haciendo algo, en un sitio y a una hora. Y hay una segunda cosa en cada capítulo: qué le costó. Lo que perdió. Lo que le quitaron. Lo que firmó otro. El sueldo que decía ayudante en el papel. Además, este libro comprueba las historias bonitas que se repiten sobre ellas. Y unas cuantas se caen. - Quién encontró de verdad el primer ictiosaurio, y por qué no fue ella sola- El trabalenguas inglés que se enseña como un homenaje y que se imprimió en 1855 sin nombrar a nadie- La cifra de cuarenta mil dólares por la cabeza de Harriet Tubman, y quién se la inventó- Lo que decía la carta que llegó a Harvard cuatro años tarde- Por qué el hombre al que acusan de robarle el descubrimiento la citó por su nombre- Los dos votos con los que un país entero cambió la ley en 1893- El impuesto que se abolió a base de cantar delante de un palacio durante nueve meses Un libro que separa lo que está probado de lo que solo afirma una parte, y que dice en la página cuándo no se sabe.
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