Estás cansado y no es por el trabajo. >Nada de eso ocupa tu tiempo. Todo eso lo estás cargando. Hay un lugar donde ese problema se resuelve en veinte minutos: un estacionamiento, a las cinco de la mañana, junto a una moto con todas las cosas en el suelo. Una moto tiene una capacidad máxima y no le importa cuánto ganas, ni quién te regaló ese objeto, ni cuánto te costó. Algo se va a quedar afuera. No hay apelación y no hay bodega donde guardarlo. >Lo que aprendió ahí no fue a empacar. Aprendió que un prejuicio se instala gratis y se paga carísimo, en conversaciones que nunca tuviste. Que el miedo prestado siempre se disfraza de prudencia. Que una semana llena no es una semana productiva, es una semana sin margen. Que cargar de más no te hace estar más preparado: te hace estar menos preparado, con más cosas. Y que hay una factura que ningún libro sobre desapego se atreve a nombrar, que es la que pagan los que se quedan. Escrito hace veinticinco años e impreso dos veces solamente para regalarlo entre amigos, este libro circuló de mano en mano durante un cuarto de siglo. Esta es la primera edición que sale a buscar lectores. No te va a pedir que tengas menos cosas. Te va a preguntar qué quieres hacer tanto como para estar dispuesto a dejar lo demás atrás. Porque en cuanto sabes eso, ya no hace falta disciplina para soltar nada: todo lo que estorba se vuelve evidente. Nunca necesitaste tanto.
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